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Triunfo cañeros

El espectáculo era deprimente. Ancianos que sin más fuerza que la del espíritu, teniendo que cargar con el peso de los años, las enfermedades y las carencias económicas, protagonizaron múltiples caminatas y acampadas para que finalmente se les reconocieran sus derechos a una pensión por sus labores en los bateyes.

Son personas que dejaron su juventud y su vida como braceros en los ingenios del Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y que fueron abandonadas a su suerte por esa burocracia que no las consideraba siquiera seres humanos.

No se sabe desde cuándo iniciaron la larga procesión en la que apenas pudieron encontrar algún apoyo social de significación.

Muchos murieron durante la larga lucha, pero el resto ha conseguido, no que se imponga la compasión, sino que por su trabajo se les reconociera el derecho a una pensión del Estado.

Al otorgar una pensión especial de 10 mil pesos mensuales a cada uno de los extrabajadores, el presidente Luis Abinader hizo justicia. Más que privilegiados cuyos aportes no han trascendido de lo mediático, esos cañeros se ganaron el derecho con el sudor de la frente, trabajando regularmente en las peores condiciones.

Papeles al día no podían tener por las condiciones laborales de la época en que realizaron sus labores. Independientemente de cualquier ingrediente, el triunfo de los cañeros enseña que la lucha es uno de los caminos de la justicia.

De no ser por la perseverancia tal vez nunca se les hubiera reconocido el derecho a la pensión que les otorgó el mandatario.