Montar uno Juegos Olímpicos requiere un esfuerzo monumental

RÍO DE JANEIRO. Se veía venir que los Juegos Olímpicos del 2016 no iban a terminar bien para Río de Janeiro.

Llevar a cabo la justa requirió un esfuerzo monumental. Recuperarse de ese esfuerzo puede resultar imposible.

Nueve meses después de concluida una competencia pobre y sin gracia, la inversión de 12.000 millones de dólares no le dejó demasiado a Río. Los estadios están vacíos o clausurados, el Parque Olímpico vacante y el ex alcalde de la ciudad es investigado bajo sospecha de haber aceptado sobornos por un total de 5 millones de dólares relacionados con las obras de los juegos.

Hasta algunas de las medallas entregadas a los deportistas están rompiéndose.

Se esperaba algo muy distinto de la primera olimpiada jamás realizada en América del Sur. Río consiguió la sede en el 2009 con la promesa de mostrar un pujante Brasil y su cultura. Chicago era la gran favorita, pero los dirigentes brasileños convencieron a los votantes del Comité Olímpico Internacional de que podían llevar a cabo unos juegos históricos.

“No hubo falla alguna en la propuesta” de Río, dijo el presidente del COI de entonces Jacques Rogge.

Esto fue antes del brote de zika, algo que no se pudo prever. Pero sí se sabía que las aguas donde competirían navegantes y remeros estaban contaminadas y se debió anticipar que las promesas de limpiarlas no serían cumplidas.

Una mirada a Río y pudieron haberse dado cuenta de que los 12.000 millones de dólares pudieron haber sido invertidos en mejorar las condiciones de vida de millones de brasileños pobres de las favelas.

Los excesos de los juegos no son ningún secreto. Y todo aquel que sigue de cerca el movimiento olímpico sabe que siempre cuestan mucho más que lo previsto.