A raíz del Día Internacional del Trabajo, conmemorado ayer, recordamos que, las mujeres deberíamos ser el elemento de lucha humana ya que, las gestas obreras de 1886 contra el poder del capital recordadas, son aún válidas para nosotras que seguimos siendo explotadas por un sistema desigual e inequitativo.

Las proyecciones para superar la desigualdad económica y la brecha de género entre mujeres y hombres, sigue siendo una quimera que podría prolongarse hasta por doscientos años, de no hacer los esfuerzos políticos necesarios, de acuerdo con los informes en proyección.

Una desigualdad que crece en un amplio espectro vista en los últimos tres años, con el aumento de un 12% en la riqueza de los multimillonarios del mundo, mientras la mitad más pobre de la humanidad, 3,800 millones, en ese tiempo, disminuye sus teneres en ese mismo porcentaje.
Y las mujeres siguen siendo las más pobres.

Esta grieta económica de desigualdad es el resultado de las prácticas enviciadas de los poderes gobernantes, sin redistribución equitativa de las riquezas que se producen; con personas y corporaciones ricas que han reducido drásticamente sus tasas impositivas, mientras el pueblo, paga cada vez más tributos y el ejercicio de la política lucra a quienes la ejercen desde el poder.

Y en esta realidad explicada con términos económicos nuevos -refiriendo “desaceleraciones o deceleraciones” que producen una ralentización económica- las mujeres y las niñas son las más afectadas en el mundo, ante la indiferencia de los grupos que dirigen los pueblos en nombre de la democracia.

En nuestro país, también persisten importantes diferencias entre hombres y mujeres, y como cita la investigadora Consuelo Cruz, en Deudas Sociales del País con las Mujeres, CEG-Intec, 2019, estimando una mayor vulnerabilidad de las mujeres en términos económicos, al considerar que, 29.7 de cada 100 mujeres mayores de 15 años, no disponen de ingresos propios, frente a 12.6 de cada 100 hombres.

Los mayores niveles de dependencia económica se registran dentro las mujeres de 15 a 24 años (49.1%) y las mujeres rurales (36.4%).

Este 1 de mayo, las dominicanas seguimos pidiendo mejores condiciones de trabajo a un Estado con prácticas políticas que siguen siendo ciegas al derecho de la igualdad, que sigue permitiendo la bonanza de sectores empresariales mientras ignora a quienes tienen que vivir de la fuerza de un trabajo que no tienen.

Para el ejemplo de hoy, la injusta decisión de seguir considerando al trabajo doméstico, realizado mayormente por mujeres, como el menos valorado y peor pagado.

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