George Bell: “He visto más allá que otros”

LA ROMANA. George Bell recibe a DL en la tranquilidad de su acogedora villa de Casa de Campo, la misma cuyo terreno compró en 1987 (cuando bateó 47 jonrones, récord criollo hasta los 66 de Sammy Sosa en 1998) tras cobrar siete dígitos por primera vez, que estrenó un año más tarde y en la que han crecido sus ocho hijos de dos matrimonios.

Un símbolo de cómo ha manejado sus finanzas y superado las clásicas causas que arruinan fortunas de los atletas como divorcios, vicios, amistades incorrectas e inversiones erróneas.

De acuerdo a Baseball Reference, Bell ganó entré 1985 y 1993 cuando se retiró con 33 años US$17,4 millones antes de impuestos, es decir, alrededor de US$10 millones netos.

Si bien asegura no llevar una vida con gastos excéntricos y administra hasta las cenas en restaurantes, el ex toletero de Toronto, Cubs y White Sox que llegó a vender yaniqueques en su adolescencia está claro de que a pesar de no haber tenido el éxito que esperaba en los negocios que realizó tras dejar el juego si no hubiese diversificado su inversión hoy no pudiera gozar de la estabilidad económica que otros atletas que ganaron tanto o más que él no tienen.

“He tenido la oportunidad de ver más para allá que compañeros míos que no pudieron ver eso”, dice Bell a la vez que indica le costó poco decir que no a los montones de propuestas de negocios que les proponían gracias a la formación que recibió de sus padres Juana Gómez (que vendía comida) y George Vinicio Bell (maquinista de ingenios azucareros).

“No he aprendido mucho, lo que he sido es muy conservador y aparte de eso le doy sus boches y saco la gente de mi vida. No puedes crear una fortuna y entonces a los cachanchanes tuyos darles dinero por aquí, dinero por allí”, dijo.

Cuando Bell se retiró era más joven que hoy Nelson Cruz (36), Robinson Canó (34), Edwin Encarnación (34), Albert Pujols (37) y Adrian Beltré (37), pero asegura que le dolía el cuerpo desde el pulgar del pie derecho hasta la espalda, si bien la imagen que ha quedó fue aquella del jugador “malcriado” que respondía con los puños cuando los lanzadores lo golpeaban.

Tan orgulloso de su origen “cocolo” (su madre es oriunda de Anguila y su padre Saint Kitts & Nevis) como de su paso por el Big Show, a Bell le turba lo que llama “cultura de la corrupción” que ve a todos los niveles de la sociedad dominicana.

“Me engañaron, no como han engañado a muchos peloteros con millones, me engañaron durante el tiempo que no estaba aquí presente. Hice muchas inversiones, yo compré mucha tierra en Higüey, Hato Mayor, en San Pedro, en La Romana. Tengo propiedades, edificios, casas y todo eso que cuando me divorcié le di parte a la mamá de los (4) hijos míos con el propósito de que sean de los hijos de nosotros; dos fincas en Hato Mayor, una finca en Higüey, siempre me mantuve activo, compré una bomba de gasolina con un repuesto y todo eso (por US$475 mil), de una manera u otra siempre se estaba generando dinero, aparte de lo que me ganaba, pero me quitaba un peso de encima cuando estaba por allá (Estados Unidos), tenía una ganadería grandísima”, explicó el expelotero nacido en San Pedro de Macorís.

A su juicio, el de los jugadores de béisbol es un nicho muy vulnerable para ser engañado y que juega en desventaja ante la justicia “porque somos millonarios en dólares”. Sin embargo, no tira la toalla por completo a los negocios y ha sembrado de cacao una finca en Hato Mayor de poco más de 1,200 tareas.

“Todos los negocios que he tenido los he quitado. Los únicos que no he quitado son la tierra y los edificios que he hecho. En San Pedro puse una tienda por departamentos, puse un supermercado, una tienda de repuestos, en La Romana puse una farmacia a la esposa actual, puse una arenera, tenía equipos pesados, todo eso lo quité, porque cuando no se roban la batería, se robaban la goma, se robaban el gasoil”, dijo el mayor de una familia de cuatro peloteros firmados.

Su red de inversiones la creó año tras año; de los primeros cobros hacía un cheque de US$185 mil que incluía las asignaciones a su esposa y los gastos del hogar con un presupuesto definido y el resto para ser ahorrados o destinado a las compras de los bienes que hoy son su gran activo.

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