Barrancón, batey donde la miseria se percibe desde el camino real

HATO MAYOR. Fundado durante la férrea dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, en 1956, Barrancón es un apartado batey del distrito municipal de Mata Palacio, donde la miseria es tan acentuada que se puede visualizar desde el camino real que lleva a la empobrecida comunidad cañera.

La falta de oportunidades de empleos, de escuela y agua potable han provocado una emigración en más de un 70% de su población, quedando apenas 20 familias que no abandonan la zona por no tener dónde ir.

La pequeña comunidad se funda en momento en que el ingenio Las Pajas exhibía su mejor bonanza, ubicado en el hoy también abandonado batey Las Pajas, sección Don López, en Hato Mayor del Rey.

Es un lugar donde adultos y mayores se desayunan con el guarapo de la caña, se cuecen una vez los alimentos y muchos no conocen una buena cena.

La miseria es tangible por donde quiera que se mire o camine por la pequeña comunidad, rodeada del palo dulce, como ellos mismo llaman a la caña de azúcar.

Aquí la gente malvive por la falta de los servicios esenciales para la garantizar la existencia.

Solo 55 personas entre niños, jóvenes y adultos quedan en el lugar, pero malviven en los tres barracones, sin energía eléctrica y ni baños para realizar sus necesidades fisiológicas.

Para obtener el agua, los barraconenses tienen que caminar hasta las comunidades de La Plaza, a tres kilómetros o al batey La UCE, del senador Josecito Hazim, distantes a dos kilómetros.

Los pocos niños y jóvenes que estudian tienen que recorrer tres y siete kilómetros para llegar a las comunidades de Morquecho y La Plaza, porque en el batey no hay recinto escolar.

Cuando alguien se enferma en la comunidad tiene que viajar al municipio de Consuelo o Hato Mayor, distantes a 12 y 22 kilómetros, respectivamente.

Aunque las mayorías de las estructuras de las casas son de concreto, la miseria se percibe en la falta de pinturas, puertas, persianas y baños o retretes.

La gente de Barrancón vive de echar jornal en los campos de caña y de otros cultivos incentivados por hacendados, colonos y ganaderos establecidos en la zona cañera.

Viejos moradores

Manuelico Melit afirma que tiene 118 años, de los cuales lleva 57 viviendo en el lugar.

Sostiene que Barrancón era muy poblado y tenía comercio, pero que con la capitalización de las empresas, en el gobierno de Leonel Fernández, en 1997 todo se fue a pique en el batey.

“Entonces llegó la miseria y se ha adueñado de nosotros. La gente vivía más cómoda con el tiro de caña al ingenio Pringamosa, que operó en Mata Palacio y cerró Leonel Fernández y el banco Baninter”, expuso con palabras entrecortadas.

Manuelico es un adulto mayor, el más longevo. Ya no trabaja y vive de los bocados que los buenos vecinos le llevan.

Duerme en el suelo y se pasa el día recorriendo el batey y conversando con los vecinos, que lo consultan hasta para el brote de conjuntivitis, que afecta los habitantes de Barrancón.

Diana Pierret, de 95 años, llegó al batey en 1968 a Barrancón y asegura, que ahora viven la peor crisis de la comunidad.

“Aquí no viene nadie, si no es a buscar votos en las elecciones, porque a ayudar y levantar nuestro espíritu solo vienen los evangélicos, a orarnos”, sostiene.

Allí también vive Edric Damis, de 78 años, enfermo de una hernia testicular, que mide un pie de altura y tiene un peso de 15 libras, que no le deja caminar.