Mala señal

El ansia de salir a comprar y esparcirse que tenía la gente ha obviado el distanciamiento físico y hasta el uso de mascarillas en muchísimos casos.

Los establecimientos aplican los protocolos, pero no pueden evitar que se relajen con clientes desesperados por satisfacer necesidades y hasta curiosidades.

En el Metro y los vehículos del transporte las restricciones tienen que exigirse para que la gente las cumpla. En los primeros días de la reapertura los usuarios se han desenvuelto como si nada hubiera pasado.

La conciencia que se ha requerido a la población para convertir en realidad la reversión de la pandemia parece que tendrá que acompañarse, para surtir efecto, del ejercicio de la autoridad.

El Ministerio de Trabajo anunció que supervisará los centros laborales, pero habrá que tomarse las molestias de vigilar las calles para obligar a cumplir con las medidas sanitarias.

Los barrios populares, donde menos se ha cumplido con los protocolos, tienen que ser vigilados muy de cerca para evitar que el virus se propague.

El caso de las cárceles, donde por el hacinamiento los infectados hacen ola, es un ejemplo que debe tomarse en cuenta.